Podríamos decir que la fotografía es la hermana mayor del cine. Es decir, el cine, tal y como lo conocemos, se basa en los principios de la fotografía. Así, podríamos afirmar que el cine aparece gracias a los experimentos con la cámara oscura y a la invención de la fotografía, pero con un objetivo muy diferente, el cine surge de la idea de crear movimiento en la imagen, para que esta fuera un extracto fiel de la vida real.
El camino de la imagen en movimiento
Artículo extraído del manual "Medios audiovisuales. Animación en el aulaAportes para la enseñanza. Escuela Primaria. Intensificación en Artes"
El modo más simple y sencillo de contar una historia con imágenes en movimiento es
por medio del teatro de sombras. Se atribuye a China el origen de este espectáculo
que se inició en el siglo II a.C. y llegó a Europa a fines del siglo XVII d.C.
La linterna mágica surge en el siglo XVII. Los vendedores que recorrían pueblos de
Europa fascinaban al público con proyecciones que realizaban con este aparato sobre
telas blancas. Iluminaban con una vela y a través de una lente ampliaban ilustraciones
pintadas a mano sobre placas de vidrio.
A lo largo del siglo XIX surgieron diferentes inventos que
generaban la ilusión de movimiento en imágenes.
El más
trascendente fue el zoótropo inventado por William Horner
(1835), un tambor giratorio con ranuras en cuyo interior
se colocan tiras de papel con imágenes que recrean
una acción específica. Cada dibujo representa una imagen
independiente del movimiento del sujeto. Cuando se hace
girar el aparato, vemos las imágenes en rápida sucesión.
Basados en el mismo sistema, se conocen el praxinoscopio
de Emile Reynaud y el taumátropo (o rotoscopio) de John
Ayton Paris.
Joseph Plateau prepara el fenaquistiscopio. Para lograr
la imagen de movimiento en ilustraciones realizadas sobre
un disco, deberemos hacerlo girar frente a un espejo,
mientras se mira por una de las ranuras.
Plateau descubre que el número de imágenes necesario
para lograr una ilusión de movimiento óptima es dieciséis.
Justamente ése era el número de fotogramas que
utilizaron los primeros cineastas.
El concepto de dibujo animado comenzó a tomar forma
en 1852 gracias al proyector fenaquistiscópico. Combinando
un disco fenaquitoscópico con una linterna, Franz
Von Uchatius consiguió proyectar sobre una pantalla la
ilusión de movimiento.
Entre los años 1892 y 1900, Emile Reynaud proyectó
dibujos animados con su teatro óptico, consiguiendo por primera vez, que un grupo de espectadores observara simultáneamente las
imágenes.
Para lograr esto, Reynaud comenzó a perfeccionar el zoótropo, buscando, mediante la
combinación de pequeños espejos situados en el interior del tambor y con la eliminación
de las fisuras, hacer más flexible el movimiento aparente de las figuras en cuestión.
Posteriormente, creó el denominado teatro praxinoscópico, todavía al servicio de un
solo espectador. Situaba la acción del personaje en el centro de una escenografía. A
través de una complicada e ingeniosa combinación de espejos, el espectador, observando
por una abertura situada sobre la cobertera abierta del “pequeño teatro”, podía
ver en miniatura un escenario sobre el cual se movían étereas figuras luminosas.
Obsesionado porque su invento pudiera ser admirado por varios espectadores en simultáneo,
Reynaud combinó su praxinoscopio con una linterna mágica provista de
dos lentes separadas para la proyección: a través de la primera lente fijaba sobre una
pantalla la escenografía dibujada; mediante la segunda lente proyectaba el movimiento
de las figuras. Los avances ya estaban en la antesala de lo que habría de denominarse
teatro óptico. Para alcanzar esa meta, se preocupó por dibujar sus figuras
sobre cintas de celuloide transparentes, en las cuales había practicado perforaciones
laterales, y luego las proyectaba junto con la escenografía; esta última mediante una
linterna mágica desde la parte opuesta de la pantalla transparente.
Reynaud fue el primero en conseguir abandonar la vía del mero movimiento de las
figuras dibujadas para insertarlas en una estructura visual con un argumento escueto.
Músicas que él mismo componía y algunos efectos sonoros acompañaban, sincrónicamente,
las proyecciones de su teatro óptico.
En 1877, el ingeniero mecánico J. D. Isaacs y el fotógrafo Eadweard Muybridge dieron un
paso importante en el análisis fotográfico: montaron en serie unas cámaras oscuras comandadas
mecánicamente para registrar veinticuatro imágenes del galope de un caballo.
“Muybridge pudo realizar un análisis visual del movimiento del caballo en una secuencia de imágenes instantáneas relacionadas inequívocamente. Esta es la esencia del funcionamiento de una cámara de cine: cuando registra un movimiento en distintos fotogramas de una película, en realidad lo descompone en una serie de fases inmóviles temporalmente equidistantes.”
Rodolfo Sáenz Valiente. Arte y técnica de la animación, op. cit., pág. 28
El inconveniente para este fotógrafo era que las imágenes resultaban discontinuas.
Entonces, montó sus placas sobre una cinta y con una fuente de luz pudo proyectar,
en 1881, sus sombras sobre una pantalla.
El desafío ante tantos avances tecnológicos radicaba, en ese momento, en el perfeccionamiento
en términos mecánicos (relativos al registro y la proyección regulares de
las imágenes) y químicos (fotografía instantánea de esas imágenes). En 1889, Etienne
Marey y Louis Le Prince realizaron grandes progresos en términos mecánicos, mientras
George Eastman y Thomas Edison dieron un verdadero salto en lo químico, gracias a
la nitrocelulosa, con la cual fabricaron una película fotográfica muy sensible, elástica y
transparente a la luz. Esta película (a la cual llamaron film) podía cerrarse en rollos al interior
de la cámara oscura, con lo cual hacía posible una toma larga de instantáneas.
En los últimos años del siglo XIX, muchos son los que buscan soluciones a los inconvenientes
mecánicos y ópticos: Edison, Le Prince, Friese-Greene, Demeny, Latham,
Le Roy, Jenkins, Armat, Skladanowsky y, por supuesto, Auguste y Louis Lumière.
También, en esa época, se construyen recintos para realizar espectáculos totalmente
novedosos.
El mérito de los hermanos Lumière está en haber diseñado un aparato muy simple,
capaz de registrar y proyectar los filmes con un máximo desconocido de perfección,
gracias a un sistema óptico-mecánico con movimiento intermitente. Este aparato,
fácilmente regulable, comprendía una cámara con un pequeño mecanismo para el
arrastre del film, y un proyector. La exposición de las imágenes estaba reducida al
ritmo de 16 cuadros (o fotogramas) por segundo, límite teórico ideal adoptado hasta
el final de la era del cine mudo. Más tarde, con el cine sonoro, cambiará a 24 cuadros
por segundo.
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Fotografía en movimiento
Historia del cine en 8 minutos
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